De los mosaicos de Cartago a los murales de Miró

Señoras y señores amigos todos, sin duda alguna, la plástica…, es decir, la expresión de ideas, voluntades, sentimientos, en definitiva todo aquello que nos permite comunicar sensaciones, ha sido una de las grandes acometidas del ser humano, hasta tal punto es así que indagando en su pasado uno puede llegar a la conclusión (si ello es producto del ser humano o si ello es lo que humaniza a la especie… En todo caso era también necesario para ello dotarse de una técnica, es decir, encontrar el sistema que esta permitiera que estas ideas, estas consignas, permanecieran en el espacio y en el tiempo.

Desde tiempos ya muy remotos hay constancia evidente de que ello es posible gracias a la técnica que fue capaz de desarrollar, hay muestras que perduran en el tiempo y que todavía son capaces de transmitir su mensaje que nos llega desde el Paleolítico Superior… es decir de hace de ello unos 15.000 ó 20.000 años de permanente información. Les voy a recordar entre los más destacados las cuevas de Altamira en España, las de Lascaux en Francia, o las importantes grabados rupestres del Atlas Norte Africano.

En un avance notable de su evolución y de su tecnología debemos también considerar (aún que mucho más cercano a nosotros…) los mosaicos cartagineses y posteriormente romanos… en los que podemos documentarnos sobre la que era su vida cotidiana, sus costumbres, sus preocupaciones, sus conquistas… o sus derrotas todo ello expresado con una técnica muy creativa, novedosa y sobre todo duradera y muy particular las teselas de mármoles de color; milagro de perdurabilidad. Y que Bizancio supo aprovechar y potenciar desde la explosión de su policromía y el color… Pero sin duda alguna y desde este breve análisis fue el arte islámico el que supo elevar a la más alta potencia un arte tan singular que se expande en muy breve tiempo desde la India hasta su extremo oriental las costas de Portugal expandiéndose por todo el Mediterráneo dejando un portentoso legado de esplendidos edificios civiles o religiosos de arquitectura polícroma de inigualable armonía y belleza.

Así importantes arquitectos de finales del S. XIX y XX en Europa se dejaron embelezar por la sugestiva policromía que aportaba el arte islámico en sus edificios. Un ejemplo es el Nuevo Estilo, especialmente en el Modernismo Catalán y la singular obra de Gaudí. Gaudí sin lugar a duda fue en España el gran integrador de este estilo arquitectónico integrador de las artes… es decir, la pintura, la escultura, la arquitectura… por ello no podía faltar la Cerámica o el mosaico…

Todo este sustrato de repaso histórico es del todo necesario para comprender cierto posicionamiento que adoptaron dos singulares artistas que trabajaron conjuntamente en esta dirección y que fueron Joan Miró y su íntimo amigo Llorens Artigas… cuya obra conjunta fue requerida por importantes organismos internacionales como: la ONU en Nueva York, la UNESCO en París, la Exposición Mundial en Japón, el Aeropuerto de Barcelona, el Palacio de Congresos de Madrid y numerosa instituciones o Universidades de diferentes partes del mundo que se disputaban su colaboración en esta nueva y al mismo tiempo antigua modalidad de expresión… la cerámica y la pintura mural.

 

 

Puedo decir con cierto orgullo que durante mis años de formación mantuve con ambos una cariñosa amistad, en especial con Artigas del que conseguí mis mayores conocimientos de la cerámica muy en especial en la técnica mural que es el tema de nuestra charla y consideración.

Aún que la aportación en si misma de la cerámica casi siempre puede llegar a ser positiva, no por ello esta exenta de ciertas dificultades, que voy a poner en la medida de mis conocimientos e introducirme brevemente en esta apasionada especialidad en la que se integran a partes iguales concepción y desarrollo técnico y conceptual.

Efectivamente el mural cerámico no admite ni acepta la más mínima improvisación. Para empezar, hay que disponer de unas instalaciones adecuadas, unos espacios proporcionados al trabajo a desarrollar que por lo general siempre se trata de dimensiones de considerable tamaño. Un horno apropiado y cierto coraje físico dispuesto para tal fin.

Toda concepción mural lleva implícita por su naturaleza el formar parte de un conjunto, el tener que estar integrada en el volumen de una arquitectura, supeditada en la mayoría de los casos aun ambiente exterior. Por tanto, su superficie tendrá que estar soportando las inclemencias de la variación climática: frío, calor, viento, lluvia y que en el mejor de los casos podrán ser admiradas a grandes distancias… O por el contrario tendrán que estar sujetas al trajín diario del paso constante de muchos fieles.

Por tanto la primera condición vendrá dada por un intercambio amplio y sincero con el arquitecto que concibe la obra en toda su dimensión, y a continuación, por elegir los materiales que sean más adecuados y que estén en consonancia con la nueva construcción. Se construirá una maqueta proporcionada i a escalan la que se pueda estudiar sus proporciones como si fueran reales y adecuando cada plano a su función. A título de ejemplo, para su dominio visual a grandes distancias, se tendrá que escoger una gama de colores fuertes que propaguen su onda cromática con tonos fuertes y brillantes de gran propagación (lo cual necesariamente tendrán que ser cocidos a baja temperatura…). Mientras que a temperaturas elevadas se reducirá su onda de propagación en forma muy considerable, pues la gama de colores es mucho más sórdida en profundidad; pero aumenta en calidad: es mucho más sutil, más íntima y sobre todo mucho más duradera pero de corta propagación.

Puede quizás ser una buena solución el compartir una técnica mixta de baja y alta temperatura para equilibrar las dos posibilidades… aunque ello conlleva aumentar el número de hornadas y el tiempo de elaboración.

Por tratarse en la mayoría de los casos de grandes superficies, es obligado un despiece por cuadrículas (naturalmente este despiece estará pendiente de las posibilidades del horno en el que se va a trabajar). Una medida muy prudente podría ser de unos 35X40 X3 es una proporción muy aceptable y fácil de manejar.

También es muy importante el tener en cuenta la merma, es decir contar que el material encoge y se reduce de manera considerable, al secarse y posterior cocción a unos 900º C. De esta forma se obtiene una primera superficie sólida y manejable con la que se puede iniciar el trabajo de esmaltado… para el desarrollo de esta primera fase es decir el soporte huso una arcilla compuesta de una chamota de grano grueso es decir de unos 3 mm. de grosor, lo que le da una gran estabilidad en el secado y evita en buena manera su perniciosa deformación.

 

El esmaltado del mural también requiere de una cuidadosa y meticulosa atención pues se trata de una intervención que no se comprueba su resultado hasta el final, hay que distribuir los esmaltes con mucha precaución, cuidando en gran manera de ordenar los colores, matizar las texturas y compaginar los espacios según hemos dispuesto en la maqueta hacia un objetivo final…

Y para acabar, vengo forzosamente a hablar aún que sea una breve y escueta alusión al proceso de cocción… en cuya operación todo el empeño puede resultar innecesario. No voy a adentrarme en estos momentos en las particularidades de que pueda resultar, el que una hornada sea cocida en “oxidación” o en “reducción ” o en una atmósfera “neutra”… pues sólo variando el caudal de la llama por su oxígeno puede dar una solución opuesta a lo deseado es decir, que un color rojo se nos convierta verde y uno que tiene que ser verde se nos convierta en rojo… así también puede influir muchísimo el tiempo de maduración que consiste en alargar la misma temperatura en un espacio más largo de cocción.

Así pues una etapa tras etapa se va conformando lo que en su momento fue una idea preconcebida hasta que finalmente… viene después el momento comprometido de su colocación; una por una, se va componiendo el mosaico, atendiendo a la cuadrícula que habíamos previsto y programado, se colocan en su espacio definitivo, formando poco a poco parte del conjunto, aportando el mensaje que le habíamos asignado, significado, materia, forma, luz, y color… como una simbiosis final de voluntad, energía y tiempo… en definitiva cierta simbiosis humana.

Pero a pesar de todo les puedo asegurar que nada puede resultar más emotivo y apasionante, que este largo y por que no decirlo penoso proceso que pone a nuestro alcance la cerámica colocada en su emplazamiento definitivo, recreado por la luz que multiplica desde sus vibraciones cromáticas sus innumerables matices y contrastes que nos conforman un día tras otro desde el amanecer hasta el atardecer…

Para el mural cerámico el tiempo prácticamente ya a dejado de existir ni le importa la lluvia que lo acaricia suavemente ni las temperaturas que lo abrazan desde los rayos de sol, sino todo lo contrario, lo agradece infinitamente pues todos estos cambios los revierte multiplicados por mil aumentando su vigor con su cromatismo permanente. Esta riqueza que se desborda permanentemente se convierte en explosión de alegría y sensación de optimismo y bien estar, que reconforta nuestro espíritu sea por medio de la imagen que representa… esto lo sabían muy bien los Romanos… los Bizantinos… pero fueron los Árabes, los que lo elevaron a la máxima potencia revistiendo de cerámica sus mezquitas… sus cúpulas, sus minaretes, sus palacios saludando a lo lejos el caminante solitario que se conforma desde la reverencia hasta la admiración…

 

 

También en muchos casos nos recuerda y nos transmite el mensaje de la palabra Divina que reconforta y nos ayuda en nuestro que hacer diario … es como una continuación de la voz del Almohacin que desde el Minarete se deja oír anunciando un nuevo y continuado amanecer.  Así también lo entendieron nuestros artistas más universales, Gaudí, Picasso, Miró, Artigas…

Gaudí el ejemplo más exponente, policroma casi toda su arquitectura… acompañada por esta reflexión… (el color es la vida… cuando desaparece el color de nuestro cuerpo… es que con ello también se van nuestras vidas…

Por ello también Miró y Artigas defendieron y propagaron esta concepción esta filosofía… con sus Murales en Cerámica que enriquecen grandes espacios del exterior… es decir enriquecen nuestras vidas con una permanente explosión de color… adornan plazas, aeropuertos, palacios, jardines, como lo hace también el arte islámico… con su brillante y siempre rica policromía que expande permanentemente su mensaje… así ocurrió Sevilla, en Córdoba, en Palestina, en el Cairo, Zamarra, Bagdad… que nos deleitan con su inigualable geometría, sus arabescos que nos acercan lo más posible a nuestro arte de hoy desde la geometría a la abstracción… o la reflexión del infinito… del que el hombre no es sino que un instrumento de Dios.

 

XX Conferencias del mediterráneo, Dowling College. Túnez, 2000

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